Algo se me hace claro. Aún cuando permanezca acorazado, encuentro algo allí, me interpela algo de lo mudo, de lo pintado (la experiencia estética implica a veces una discreta paranoia). Se ofrece solo por hoy, algo que promete no entregarse nunca, unos cuadros que no se abren, que no son flores, ni puertas, ni corazones. No obstante a nuestra piel llega un perfume, nos sacude una escena, nos roza un batir de alas de un misterio.
Mariela Vargas